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Hidroponía: ¿Qué es, cómo funciona y qué puede cultivar?

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Es un invento del siglo XX proyectado al XXI. La agricultura hidropónica, sin necesidad de suelo, puede compensar la falta de tierras agrícolas, contribuir a la seguridad alimentaria y fomentar la producción casera de verduras y hortalizas. Montar un huerto doméstico no es difícil.

Los términos de origen griego Hydro y Ponos significan agua y trabajo o esfuerzo. Aplicados a esta técnica de cultivo, implican que la hidroponía emplea agua, no suelo, con nutrientes disueltos en ella para el desarrollo de las plantas.

José Antonio Mula, ingeniero agrónomo y cofundador de la web especializada agromatica.es, explica que el suelo agrícola puede sustituirse “con una solución nutritiva directa, como en los cultivos en agua, o incluso en el aire (aeroponía), o mediante sustratos que sirven de soporte a las raíces”.

Tipos de sustratos

Los materiales de ese sustrato sustituto pueden ser minerales (piedra pómez, grava volcánica, arena de río, perlita agrícola, vermiculita, arcillas…), orgánicos (fibra de coco, cascarilla de arroz y de café…) o sintéticos (gel y espumas de poliestireno o poliuretano). Según Mula, todos permiten el drenaje, una buena oxigenación y retienen la humedad, son esponjosos, ligeros y ayudan a combatir los microorganismos que puedan afectar al cultivo. “Los más utilizados son la fibra de coco, la perlita y la vermiculita” por su capacidad para retener agua.

Pros y contras

De acuerdo con los expertos de la web, la hidroponía aporta varias ventajas.

  • Permite un mayor control sobre el desarrollo del cultivo a través de la solución fertilizante y del agua. “Reduce la dependencia de factores incontrolables como la presencia de sales, metales pesados o enfermedades por hongos o bacterias en el suelo agrícola”.
  • De ese último factor se desprende el siguiente: al limitar el impacto de las plagas, reduce el empleo de sustancias desinfectantes o plaguicidas. Además se libra de las malas hierbas.
  • Hace viable el cultivo en zonas con suelos degradados, erosionados o contaminados. “Cuando sus condiciones son negativas para las plantas, por ejemplo si acumula demasiada humedad, o lo contrario, sufre exceso de sales, es demasiado ácido o alcalino o dificulta la disponibilidad de nutrientes”, matiza Mula.
  • Productividad y rentabilidad. “Un cultivo hidropónico puede llegar a producir hasta 80 veces más alimentos que uno tradicional gracias a una combinación de factores como el espacio y que las raíces no tienen que esforzarse buscando los nutrientes en la tierra pues los tienen disponibles al momento”, afirman los expertos en divulgación sostenible de Ecosiglos.

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Por otro lado:

  • Requiere una gestión más técnica y mayor dependencia de otros recursos como el bombeo de agua, el suministro de energía o la renovación del sustrato. “También un mayor esfuerzo de mantenimiento y limpieza de las infraestructuras e instalaciones, más gasto en luz y agua, y el coste de los equipos”, añade Mula.
  • Además de ese incremento en los costes, otro reto es el reciclaje de residuos sólidos o la acumulación de drenajes.
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Agricultura de invernadero

El uso de la hidroponía se decanta sobre todo hacia la agricultura intensiva de invernadero, por ejemplo para producir tomates, pimientos y pepinos, “cultivos de crecimiento vertical que se adaptan muy bien a este sistema”, detalla el agrónomo, aunque también pueden producirse otras variedades hortícolas como lechugas, berenjenas, melón, sandía, fresas, plantas de flores, etc.

“Siempre ha estado asociada al cultivo interior o protegido. Podría darse en exterior, pero la radiación solar directa, la lluvia o el viento dificultan considerablemente el manejo del riego y de la solución fertilizante, hasta hacerla insostenible en muchos casos”, señala José Antonio Mula, de agromatica.es.

¿Hidroponía casera?

Y no solo doméstica, sino urbana como parte de la solución al suministro de alimentos en ciudades y a la seguridad alimentaria de una forma más sostenible.

Puede improvisarse comprando sustratos comprimidos que, con el aporte de agua, se hidratan y doblan su peso. “Pero un sistema de hidroponía pura necesita un poco más de trabajo. Con recipientes plásticos o incluso tuberías recicladas o canaletas y un motor de recirculación, se puede desarrollar un sistema hidropónico casero interesante”, apunta el experto.

En general, los materiales básicos serían recipientes con 20 o 30 centímetros de profundidad mínima, oscuros para evitar que la luz solar incida sobre las raíces (se puede usar un macetero, canaletas o incluso bolsas para albergar las plantas). Conducciones para distribuir el agua y retirar los drenajes. Una bomba de aire similar a la de las peceras para oxigenar el agua. Y por supuesto la solución nutritiva y el sustrato.

¿Demasiado complicado? El mercado ofrece huertos portátiles para cultivar hortalizas y flores sin necesidad de tierra ni luz solar, solo agua, nutrientes e iluminación LED.

Un poco de historia

Quien se anime a realizar un cultivo hidropónico conecta con una práctica que hunde sus raíces en el antiguo Egipto, India o las civilizaciones mesoamericanas. No obstante, el padre de la técnica moderna es William Frederick Gerike, que en 1937 publicó sus principios en la revista ‘Science’.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la agricultura hidropónica ya abasteció a las tropas norteamericanas destinadas en el Pacífico. Por su parte, la NASA ha experimentado en la Estación Espacial Internacional (ISS) el sistema de producción de vegetales ‘Veggie’ para cultivar con sustrato y lámparas LED.

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