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Tipos de certificados orgánicos: el aval de la producción sostenible

Qué tipos de certificados existen en el mundo

Comprobar que un producto alimentario cumple los criterios sostenibles en un viaje tan largo como el de su producción, es complicado. De ahí la necesidad de los certificados orgánicos que garanticen que la sostenibilidad va de la tierra a la mesa y del productor al consumidor, lo que contribuye hacia una alimentación sostenible.

Una pera no es ecológica porque su publicidad presuma de ello, pero ofrece la certeza de serlo si su etiqueta incluye el sello de un certificado orgánico. La certificación “garantiza que ese producto ha sido creado o elaborado sin perjudicar el medioambiente”, como define la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Algo esencial gracias al trabajo de los productores ecológicos que permite a la sociedad poder llevar una alimentación sostenible.

Las certificaciones aplican un proceso de evaluación externo y fiable, a cargo de entidades reconocidas oficialmente, de principio a fin del proceso productivo y de acuerdo con unos criterios preestablecidos de sostenibilidad. Desde que se prepara el suelo donde se plantará el peral hasta que su fruto se vende en un mercado. De esta forma se incentiva la gastronomía sostenible.

Normas nacionales e internacionales

Para otorgar un sello, la entidad certificadora comprueba si los productores agrícolas o alimentarios cumplen las normativas sobre la cualidad ‘orgánica’ en los diferentes países o regiones donde se aplican, ya que los organismos de certificación pueden aplicar normas internacionales (voluntarias), nacionales (obligatorias) o ambas, según la FAO.

Aunque comparten criterios comunes, cada certificado orgánico establece requisitos diferentes, o con diferentes grados de exigencia, en función de esos territorios y legislaciones. Por ejemplo, pueden poner más énfasis en el control de la inocuidad y la trazabilidad de cada producto.

¿Cómo un consumidor puede estar al tanto de esa garantía? La etiqueta es el elemento físico que le permite comprobar si un producto cuenta con un certificado orgánico, qué organismo de certificación lo concede, las autoridades que lo reconocen y las leyes que acata (por ejemplo la normativa EU 2092/91, entre otras muchas).

Aún no universal

“Aún no existen normas universales para la producción y manipulación de los productos orgánicos”, indica la FAO. No obstante, aunque los diferentes países puedan establecer sus propias directrices para otorgar un certificado orgánico, suelen respetar un conjunto de criterios establecidos internacionalmente por dos organismos: la Comisión del Codex Alimentarious (CAC) y la Federación Internacional de los Movimientos de la Agricultura Orgánica (IFOAM).

La CAC fue creada por la FAO para garantizar buenas prácticas a partir de las normas comerciales y sanitarias en el sector alimentario sobre producción, elaboración, etiquetado y comercialización de este tipo de productos. Su equivalente en el sector privado sería el IFOAM, que cuenta con sus propias normas internacionales para la producción y elaboración orgánicas.

Según este organismo, “los productos orgánicos certificados son aquellos producidos, almacenados, procesados, manejados y comercializados en concordancia con especificaciones técnicas precisas y bajo el sello de un organismo de certificación. Una vez que este verifica la conformidad con dichos estándares orgánicos, el producto se etiqueta”.

En esencia, las directivas de la CAC e IFOAM son similares. Se consideran normas de mínimos sobre las que gobiernos y organismos privados de certificación pueden añadir sus propios reglamentos. Se revisan con regularidad, especialmente respecto a sustancias permitidas (insumos) y procedimientos de inspección y obtención del certificado.

En cualquier caso, todos los organismos certificadores, sean privados o públicos, han de cumplir con las normas básicas de acreditación marcadas por la Organización Internacional de Normalización (ISO 65), más allá de sus propios requisitos específicos.

Qué tipos de certificados existen en el mundo

Cada país, una norma

A diferencia de las regulaciones internacionales, las nacionales sí implican un carácter obligatorio. Es decir, todos los productos orgánicos elaborados o vendidos en un determinado país deben cumplirlos.

Según los últimos datos de la FAO, unos 110 países cuentan con certificados orgánicos propios. En Estados Unidos lleva el nombre del Departamento de Agricultura (USDA); en Japón, la norma orgánica JAS; en México, el Sello Orgánico Sagarpa; el sello SAG (Servicio Agrícola y Ganadero) en Chile; el certificado orgánico argentino lo habilita el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), la Autoridad Alimentaria finlandesa avala la etiqueta Luomu y en la Comunidad Europea aplican la UE-Eco-regulación todos sus miembros.

Junto con las normas nacionales de certificación orgánica también pueden convivir otros reglamentos locales de carácter voluntario.

Estándares privados

Los certificados también pueden ser otorgados por organismos de certificación privados, por ejemplo una ONG de prestigio o una empresa especialista que ofrece un sistema de garantía participativa (PGS) para que productores y distribuidores demuestren el cumplimiento de los estándares orgánicos.

Para Ecocert, uno de los mayores organismos privados de certificación con oficinas en más de 130 países, “la producción ecológica es una respuesta viable a largo plazo frente a los desafíos económicos, ecológicos y sociales de la agricultura en todo el mundo”.

De acuerdo con la FAO, en 2014 se habían registrado más de 120 estándares orgánicos privados. El primero fue el de la Soil Association, fundada en 1946 en el Reino Unido por un grupo de ciudadanos preocupados por los efectos en la salud humana de la explotación agrícola intensiva que comenzó a extenderse después de la Segunda Guerra Mundial. Mientras que en Estados Unidos, las asociaciones privadas empezaron a certificar productores orgánicos en la década de los setenta.

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